lunes, 14 de agosto de 2017

Kamakshi



Tomaba café sola, en la mesa de un bar. El detective la observaba: la despreocupada concentración con que abría los sobrecitos de azúcar, el lento movimiento circular de la cucharita en la taza, el sinuoso cruzarse de sus largas piernas en medias negras, la revista frente a ella que hacía minutos que miraba sin girar las páginas. El detective supo que había sido descubierto, se levantó y fue directamente hacia su mesa.

— Hola —lo recibió ella, levantando la vista apenas se aproximó— ¿juntaste valor?
— Me llamo Milton —dijo él—. Soy detective privado, estoy investigando un caso.
Se había apresurado al presentarse, esperando una reacción, pero ella sonreía sin miedo mirándolo a los ojos. Él trató de buscar alguna pista pero no encontraba nada en ella que pudiera destacar en forma alguna para lo que buscaba. Una falda negra, lisa, una blusa roja de lino con mangas muy cortas, el cabello trenzado en con un cordón encerado, una medalla con la imagen de un elefante, sin anillos.
— Interesante, ¿qué investiga? —contestó ella, con un tono coqueto viendo que él la recorría con la mirada.
— Pensé que investigaba una infidelidad, luego se transformó en una desaparición y  ahora creo que estoy investigando un asesinato.
— Si es un invento para captar mi atención, es el mejor que escucho en mucho tiempo, señor Milton.
— No es un juego. Estuve siguiendo a un hombre que se encontró con usted dos veces al menos en este bar porque la esposa me contrató para investigar una posible infidelidad. Vi que ayer se marchaban juntos pero el hombre no regresó a su casa.
— Si está acusándome o soy sospechosa  ¿por qué no va a la policía? para ser un investigador de revistas rosas, esto puede ser demasiado para usted — dijo ella con sarcasmo, sin levantar el tono de voz, mientras lo miraba a los ojos.
Milton no llegó a ofenderse: hacía mucho que había decidido que él no era un detective de acción, era 'un  fotógrafo con inclinación a meterse en vidas ajenas', como les decía a sus amigos. No le importaba la opinión de los demás, era redituable y no le interesaba arriesgarse con verdaderos criminales. Contestó tranquilo — Es posible que vaya. Pero por mi experiencia en general si un hombre engaña a la esposa, también engaña a la amante apenas tiene oportunidad, así que decidí seguirla para ver si usted sabía algo, él regresaba, o el verla me revelaba algo acerca de su paradero.
— ¿Y el verme le reveló algo? —preguntó ella mientras cruzaba nuevamente las piernas y se reclinaba en la silla en una pose más seductora, al tiempo que lograba tenerlo de frente.
Milton la miró a pesar suyo, la sonrisa pícara, los ojos chispeando entre burlona y sensual. Unos labios rojos entreabiertos muy atractivos, y las piernas que se movían sinuosamente en forma casi hipnótica. Lo estaba seduciendo adrede y él lo sabía. Ella tambien sabía que él lo sabía.
— No me reveló nada, de hecho, ni siquiera sé su nombre.
— Uma —contestó ella inmediatamente ofreciéndole la mano. Milton sintió el deseo de besarla apenas la extendió, en lugar de estrechársela. Se contuvo. Con esfuerzo
— Entonces... ¿en que lo puedo ayudar? No quiero que tenga una mala opinión de mí.
— Roberto Rodriguez. Lo encontró dos veces en este bar, durante esta semana, a esta misma hora. ¿Qué puede decirme?
— Mmmm...me parece que no puedo decirle mucho ¿cómo saber si tiene micrófonos? puede que no me interese contestar en estas circunstancias y si insiste en considerarme una sospechosa. De hecho: ¿sacó alguna foto en que se pueda pensar que yo aparezco?
Interesante, ahora ella era la que estaba sonsacándolo. Algo no estaba bien. Dijo:— No. No tengo micrófonos, y para ser sincero usted no aparece en ninguna de las fotos que tomé, no en forma clara, siempre parece haber un movimiento en el momento de sacar cada una. Raro, en todas usted sale borrosa, irreconocible. El primer día me acerqué bastante, sentado allí en la barra para averiguar el tipo de relación que ustedes tenían y no usé cámara. El dia siguiente me ubiqué algo mas lejos, esta vez armado de una buena cámara con zoom. Ahora me escucha relajada, quieta, pero cada vez que intenté tomarla junto a Rodriguez durante el segundo encuentro, usted se movía en el momento exacto y no lograba fotografiarla. Y se fueron muy rápido, tuve que seguirlos.
— ¿Sabe adonde vivo, entonces?
— En el edificio que está dos cuadras subiendo la callé, el que tiene un león de marmol en la puerta.
— Sabe de mí mucho más que yo de usted Miltón. Le propongo algo: no hable con la policía y muestreme una credencial, o una identificación, y le permito que me acompañe a mi departamento si quiere investigar. Pero no puedo sabér si no me está grabando, así que no le voy a decir nada.
Ella se inclinó hacia adelante y sus ojos eran una invitación a acompañarla. Se preguntó no por primera vez qué hacía esta mujer atractiva, sexy y en apariencia inalcanzable con Rodriguez, un oficinista cualquiera. Porque a él lo estaba seduciendo para evitarse un problema que aún no alcanzaba a determinar, pero ¿al otro? La curiosidad pudo más:— Le agradezco la confianza, le acompaño — dijo, mientras sacaba su identificación y una tarjeta de su agencia en la que era el dueño y único empleado. Ella la tomó — A ver ¡Qué letra más chica!: Investigaciones, seguimientos, infidelidad, recupero de registros telefónicos, recuperación de datos de pc, monitoreo celular, investigación de antecedentes, paraderos, adicciones, sectas, control parental, vigilancia de conducta, fraudes y estafas, pericias grafológicas, instalación de cámaras ocultas... Bien. Le permito que me acompañe, pero no hoy. Primero tengo que averiguar si esto es cierto, y estoy segura que si llamo ahora a este teléfono no me va a contestar nadie, ¿verdad?
Miltón sabía que era cierto, por supuesto. La agencia le permitía malvivir pero nunca ganar lo suficiente cómo para procurarse una secretaria. Pero ya estaba jugado y ella advertida, no podía dejar pasar el momento —Me temo entonces que voy a tener que recurrir a la policia — dijo suavemente, y minimizó adrede la frase:— voy a perder mi pago por resolver esto, pero si no le puedo acompañar ahora mismo lo voy a creer necesario.
Ella contestó de forma ansiosa, aunque no sonaba asustada:— No, no es necesario. Puedo avisar al portero que usted sube, sólo para sentirme segura. Vamos, terminemos con esto.
Dejando pago el café, del que quedaba medio pocillo ya frío, se levantó con un movimiento felino y con una mirada deslumbrante de costado lo conminó a seguirla. Le costaba interpretar sus palabras, esa ansiedad, esa falta de miedo, esa mirada. De pronto ella parecía más vulnerable, como si al haber podido imponerle sus condiciones se sintiera en alguna forma dominada. Verla salir delante de él del bar, el cuerpo cimbreante, el contoneo sensual con que lo rozó al pasar por la puerta que él sujetaba, el sol dejando translucir sus formas y su ropa al salir. No, dominada no era la palabra. Accesible quizás.  De pronto esa mujer imposible se tornaba mas cercana por tener él parte de su secreto. No sabía qué, pero tenía algo.
En las dos cuadras casi no hablaron. Él la observaba y ella observaba la calle y las parsonas con las que se cruzaban. Llegaron al edificio y ella se dirigió directo al ascensor, él no vió ningún encargado. El ascensor era pequeño, muy estrecho para dos personas y él era obeso. Estaban muy juntos, rozándose. Sentía el calor de su cuerpo a través de la delgada tela, ella no intentaba alejarse. Lo miró profundamente con sus ojos negros, mientras una sonrisa mínima se adivinaba en su expresión. El trayecto al séptimo piso fue demasiado corto, el ascensor se detuvo de pronto y ella en el movimiento  de frenado se recostó casualmente en él. El detective sintió su cuerpo hervir de deseo. Ella salió del ascensor y abrió la puerta de su departamento. Cerró detrás de él, con una vuelta de llave.
— Bueno Milton —la forma en que decía su nombre era insinuante— ¿qué es lo que buscás realmente? no esperarás que tenga un cadaver en el armario, ¿no?
Él se contuvo, era demasiado obvia la seducción, pero al mismo tiempo casi inevitable. Se sentó en una silla, poniéndo la mesa entre ella y él  — Ahora tengo unas preguntas.
— Te escucho
— Necesito saber todo lo que pasó con Rodriguez.
— Y yo necesito saber como puedo confiar en usted. Necesito conocerlo mejor
— Le propongo algo...
— ...escucho propuestas —interrumpió ella—, pero antes permitime que me ponga cómoda. ¿Te sirvo algo? ¿una bebida?
Ella se sacó los zapatos de taco, moviendo una silla y sentándose casi frente a él, rodilla con rodilla reduciendo a nada la distancia artificial que él había creado. Pero otro lado, la mesa estaba separada de cualquier cajón y la ropa de ella no permitía esconder  ningún arma. No era tan tonto como para confiarse.
— No gracias, no quiero nada más que respuestas. Le voy a hacer unas preguntas, y usted puede contestar las que considere pertinentes.
— ¿De verdad no deseas nada? — la mirada pícara era a la vez una invitación, una broma y un desafío. Estaba muy excitado pese a tratar de mantenerse formal, ella lo tuteaba desde que habían entrado al departamento y se le insinuaba de forma obvia. Le sonrió
— Por ahora unas preguntas, y unas respuestas.
— ¿Por ahora? y sí contesto ¿luego qué? —El tono de su voz era profundo y grave, lleno de promesas y deseo. Recorrió con un dedo su pecho, lentamente. Luego ella acercó su brazo apoyándolo sobre su hombro, mientras se recostaba voluptuosamente contra él. Milton sintió la caricia de sus piernas, el deseo invadiéndolo, los ojos de ella capturando su mirada. Él quedo fascinado por sus ojos oscuros, y se movió buscando sus labios con deseo, para encontrar una respuesta apasionada. Sintió el brazo de ella rodeándolo, estrechándolo contra su cuerpo, acariciando su nuca; él la abrazo firmemente y la mano de ella recorrió su mejilla acercándolo a su boca: dulce, sensual, incitante, irresistible. Sintió como le rozaba el cabello suelto de Uma.
Tardó en notar que le faltaba el aire, en sentir el cordón encerado en torno a su cuello, no alcanzó a gritar. Ella apretó usando el respaldo de la silla como un torniquete, asfixiándolo hasta la muerte.
Abrió el placard: necesitaría una bolsa más grande, este era más gordo que Rodriguez.


viernes, 11 de agosto de 2017

Charla de bar







— Te lo dije, no hay que darles todo, hay que dejarlas deseando — fue el disparador que abrió la charla esa noche.

Llegamos como siempre, pasadas las 20 hs a tomar un vermoth tranquilos y rumbear cada uno para su casa. Toni, recién juntado, relojeaba el reloj, nervioso. Salía más temprano del trabajo y le costaba venir "tan tarde", pero sabía que si no venía se exponía a la tradicional frase lapidaria de Carlos:
— Sos un pollerudo
Carlos acababa de llegar del laburo, oficinista de banco de buen pasar, empedernido en la soltería que él llamaba "mi libertad"
— Sos hombre, tenés que tener libertad de ir y venir adonde quieras, estár con amigos, farra a la noche los viernes, poker los jueves, fúlbito los martes. Básico.
Carlos, el eternamente soltero quien no se permitía la expresión 'noviazgo'.
Marcelo los miraba a los dos, ese juego de retruques en el qué él era nuevo. Compañero de trabajo de Carlos un día lo había traído al bar para "presentarle a los muchachos", y terminó siendo parte de la barra. Nos diferenciaba una generación pero era una buena manera de ver otras formas de pensar, el pibe no se quedaba callado.
Ale jugaba al fútbol con nosotros, era el que organizaba los partidos, empresario, en pareja estable, solía llegar más tarde pero ese día había caído temprano. Con cara preocupada había hecho una seña con el brazo en alto y sin una palabra había pedido un café cortado. Ale, como yo, no tomábamos nunca alcohol. Bichos raros en un bar.
Fleco había llegado primero, reservó la mesa de siempre y en una silla había encontrado una revista con los comentarios de un psicólogo respecto a las relaciones. Se puso a ojearla haciendo tiempo y cuando llegó Toni le pasó el artículo. Lo estaban comentando cuando el resto llegamos.

— Te lo dije, no hay que darles todo, hay que dejarlas deseando — comentaba Flequillo, que cuando cumplió los 40 se había quejado del apodo y le habíamos dejado  Fleco.
— Mirá si las vas a dejar deseando, la bruja antes lo capa al Toni si le falla una noche
— Si no termino, va a pensar que estoy con otra que me saca las ganas
— Pero no boludo, que ella se quede un poco con las ganas, no vos.
— Yo prefiero que ella se sienta bien, sino anda con cara de tujes todo el dia.
— Pero no es tu caso Toni, eso de dejarlas con ganas es cuando estás en plan de conquista, hay que demostrar quien es el que manda.
— El Toni es el ejemplo perfecto de "el que LO manda...n "
— ¿Ves que sos un pelotudo? Con ustedes no se puede decir nada.
Escuchábamos el ir y venir de la charla con Ale mientras nos sentábamos. Marcelo sonreía callado.

— Es algo sobre lo que casi no se reflexiona —participó Ale — Los hombres no estamos todo el tiempo controlando qué se da, cómo se da, cuanto... y qué se espera recibir a cambio. Simplemente uno hace los que siente bien en la pareja.
— Hacemos lo que nos dicen eso códigos que incorporamos desde chicos y con la experiencia que fuimos obteniendo siendo adultos...
— ...pero lo importante es ponerla.
— Eso descontado, Carlos, pero en una relación de pareja tiene que haber mas que solo ponerla.
— En una relación de pareja, no sé. En tiempo de crisis cualquier agujero es trinchera.
La expresión tan común no evitó las carcajadas. Fleco volvió a los datos que había estado leyendo:
— Acá dice que solo cinco de cada diez mujeres argentinas alcanza el orgasmo en cada relación sexual.
— Por eso está tan solicitado este, dicen que su sobrenombre es 'Mínimo dos'
— ¿Dicen? ¿Tu hermana te contó?
— De vos me contaron: que no se te para.
— Tu hermana es una resentida.
— No, mi hermana no, mi primo.
— ¿Ché, en serio es lo de mínimo dos?
— Sin exagerar...si. Si estoy un buen día, hicimos una linda previa y la flaca pone onda. Me aguanto y se le da solo.
— Eso es por tu concepto de virilidad, en que un hombre tiene que complacer en el sexo para demostrar su hombría. Lo tuyo es tan arcaico, tan machista como los comentarios de Carlos
— 'Virilidad', 'arcáico machista', muchachos, acá hay uno que está frecuentando el sorbete de carne.
— Y acá dice que algunos como vos "incorporan pautas de rigidez e impostura viril", para disimular que les gusta la carne de chancho.
— Lo dice el que le gusta la crema en el café.
— Justo vos que aprendiste a preparar lasagna de atún vegana.
— Uh loco, déjense de joder con eso del machismo, feminismo, empoderamiento de las mujeres y todas esas boludeses. Todos los fanátismos son malos, y acá caemos mucho en los estereotipos. Vos Carlos te haces el típico macho pero bien que Yami te manejaba como quería. Y vos, mucho lavar la ropa, preparar la comida, planchar y lavar platos, pero siempre te quejás que no la pones en meses. No hay recetas, loco.
Recién a esta altura de la charla se escuchó la voz del Marcelo:
— Las cosas cambian, cambiamos nosotros, pero es un cambio lento. A algunas mujeres les va mas el tipo inteligente, que se pueda abrir camino en la nueva selva laboral, el que se pone su propia empresa como vos, Ale. Pero como todo hay mujeres que aunque después dicen políticamente que buscan la moda de los inteligentes, que la tengan clara en las computadoras, que se cuiden como ellas en las comidas, que quieren que sus parejas sean compañeros y que las entiendan; despues esas mismas salen con un simio del gimnasio que no entendés como pudo chamuyársela porque no es capaz de hilvanar ni una frase coherente.
— Al contrario de lo que al principio decían, si, y ridiculizan a las que les gustan los 'sensibles': los hombres que están realmente con ellas, que las cuidan, las escuchan, las atienden, les brindan sexo atentos a sus necesidades y tienen proyección a futuro en la relación. Cada mujer es un mundo por descubrir.
— Gatafloras.
— Distintas formas de pensar y de sentir. La cosa es no traicionarnos nosotros mismos, Si queremos joda, no prometer casorio; si somos dominantes, no dar una imagen falsa; sí somos personas que queremos enamorarnos de verdad, entregarnos a una relación sin medir las consecuencias, ser más abiertos en las emociones, compartir cosas de verdad hay que darle lugar a eso sin pensar que pueda tener una respuesta sarcástica por parte de otros: “un dominado, pollerudo, sumiso, maricón, dependiente, dominado".
— Repetiste dominado, dominado.
— algunas se quejan que los tipos son todos machos, y que no las tratan bien. Y parece mentira pero no a todas les gusta que las traten bien, romántico, caballero, no las entiende nadie. Algunas se quejan porque les abrís la puerta, dicen que les 'coartás su independencia, que pueden valerse por sí mismas'
— Si se queja porque la dejás pasar adelante, la protegés con un paraguas, le abrís la puerta... mandala a freír churros macho, está mal del marote. Es una fanática. Vas a tener quilombo.
— Es que ahora parece que a todas piensan que le tipo que las mira ya las está acosando. Parece que hay que andar con la zabeca gacha por la vida como este...
— Vos tenés la cabeza gacha porque no se te para.
— ¡Ya te fuiste al pasto! No les gusta tampoco el hombre sometido, fijate que las que dicen eso en realidad no buscan hombres. A muchas les gusta el tipo romántico, sin caer en fanatismos. Y a otras les gusta el tipo dominante, seguro. Ven al chabón del gimnasio que tiene los abdominales como una tabla de lavar la ropa, como una caja de ravioles, y tampoco es que se preguntan si es romántico, o se dan cuenta qué está todo el día al dope, no labura, no tiene futuro...
— ¡Daaaaale! como si vos cuando estas en el gimnasio mirándoles el escote a las que hacen peck deck, te preocupa si estudian, trabajan, cuanto ganan... Tenés otra cosa en la cabeza
— Las cabezas...
— Es que es así, somos más parecidos que diferentes, hay 'reglas no dichas de conducta' establecidas por años en que el verdadero hombre es un tipo tiene que tiene que complacer en el sexo para demostrar su hombría, pero fuera de la cama más vale dosificar la entrega, dejar en claro que toda expresión de romanticismo es una concesión casual. Hay algunos que se dedicaron de correrse de ese esquema, evolucionar, ser más curiosos con el otro, estar dispuestos a escuchar, aman la música, tienen sensibilidad social,  o se enganchan en cosas mas New Age. Un hombre romántico, comunicativo, presente, emocional y entregado.
— Eso vende.
— Y si, a veces. Son modas; el tipo inteligente siempre trata de venderse con lo mejor que tiene para conseguir chicas, como decía Charly. La cosa es que veces al exagerar mostrarse muy macho o mostrarse sensible, pierde la esencia de lo que realmente es.

Nos quedamos callados un rato, cada uno mirando el vaso de aperitivo o haciendo preguntas esotéricas a la borra del café del fondo de la taza. Fleco rompió el silencio:
— A mí siempre me gustó el cine francés y no por eso...
— Puto
— Te la comés doblada
— Tragasables
— Catador de bombilla de cuero

— ¡Vayánse a cagar!


(modestísimo y siempre insuficiente homenaje al Negro Fontanarrosa)

miércoles, 9 de agosto de 2017

Enfrente




Enfrente, el misterio.
Siempre vamos y venimos por la misma calle, por la misma vereda. 
Enfrente todo es distinto, un país diferente, un mundo inexplorado.
Enfrente alquilaron el local grande y pusieron un juguetería.
Estamos en la esquina. Cruzan veloces los autos, se escucha el quejoso andar de un camión, el pitido de los frenos de los colectivos.

Y la avenida se hace enorme en los ojos de 5 años. 
Dame la mano, crucemos juntos.



Viñeta urbana



Pablo, 7:30 de la mañana,  y el colectivo 8 semirrápido nuevamente no se detuvo en su correspondiente parada de Donizetti —como siempre de 7 a 8 horas— aunque iba medio vacío en el vagón del fondo. Se le hace necesario tomar uno que le acerque desde Liniers a San Pedrito, para tomar el subterráneo hacia microcentro, lugar de apuros y rutina semanal de días hábiles. Se sube al colectivo con muchos como él  abandonados en la parada por la falta de respeto de choferes y empresa, muchos que registran casi la misma frase para solicitar el pasaje: — a San Pedrito, o — hasta Nazca. Nombres sinónimos frutos de una calle dividida. 
La música retumba en el colectivo 1, el chofer circula entusiasta con la radio a todo volumen pese a la legislación que lo prohíbe. La falta de respeto está a la orden del día, lo hacen todas las líneas porque no hay controles ni multas. La gente se pone auriculares para no escuchar ni escucharse, en el apretujarse matinal del día lluvioso y anormalmente cálido de la madrugada de invierno. Incómodos, nerviosos, se bajan tres cuadras antes porque el colectivo —¡No sigue por Rivadavia!, según el grito del chofer que busca esquivar la traba de tráfico producto de los arreglos del metrobús que se crea para mejorar la traba de tráfico.
Una larga fila de personas apuradas que caminan esquivando autos en una estación de servicio, una serpiente Jörmungandr porteña  que agita su cola a lo largo de cuadras entre paradas de colectivo mientras su boca besa las bocas de subte.
Los pasos apresurados, el adelantarse en la esquina del semáforo tratando de ganar un segundo al otro, el cruzar en rojo mirando los autos que vienen, las miradas intolerantes y nuevamente el apresurar el paso tratando de ser los primeros en bajar al submundo de la línea A y alejarse del cielo gris.
Entonces, justo en la entrada, una mujer pregona galletas y facturas —¡hechas en casa!, sin gritar, con la voz hecha sonrisa, y la sonrisa como un rayito de sol y color mientras ofrece sus creaciones entre el humor gris de la gente. Destaca como la única muestra de lo que debería ser una verdadera sociedad en medio de la rutina del tumulto humano.


martes, 8 de agosto de 2017

Juegos de seducción



Mensaje, llamada, silencio.
Silencio, mensaje, llamada.
Llamada, mensaje, silencio.

No siempre inicia el mismo cada secuencia. El silencio es estrategia en un lado, desesperación en el otro. Las llamadas son siempre del mismo lado; los mensajes casi siempre son del otro.
Lo que comenzó siendo un juego de seducción se transforma en una rutina infinita de agonía, esperanza y pérdida.


lunes, 24 de julio de 2017

Reparador de sueños




Las palabras tienen magia, todos lo saben.
El aspirante a escritor llena carillas de historias que se entretejen con la vida misma, sueños que palidecen en la cotidianidad y poemas desgarrados de rima impecable. Reparte pedazos de su alma en papelitos mecanografiados, doblados como libros, en las estaciones de subterráneo. Lo que no sabe ni nunca supo, es que escribiendo desde el alma en cada publicación, sus cuentos de hazañas e ilusiones reparan los sueños rotos de los demás. Recorre Buenos Aires de forma subterránea, día tras día, iluminando corazones que luego emergen por la boca del subte al caos urbano, resplandeciendo entre el gris de la rutina, con una sonrisa.
Inicia el día en el trayecto de la linea A en la estación San Pedrito, en Flores; a lo largo del día puede encontrárselo en distintas formaciones y estaciones, siempre con sus preciados 'libros' en las manos, a veces mecanografiados y algunas pocas veces escritos a mano. A la tardecita si no llueve,  se asoma desde la linea D en Callao y camina unas cuadras  para tomar un café en la librería Ateneo Grand Splendid, para luego retomar el viaje bajo tierra nuevamente hacia Catedral. No muestra sus textos en el camino ni en la librería, sólo en el subterráneo.
A veces, toma sucesos que le ocurren a él mismo y los plasma en papel y tinta, en estos es juez y parte, registra y opina. El que lee sus comentarios de pronto adquiere una concepción más profunda de la vida y de la muerte, y se siente en paz, más libre, más liviano. Tres veces más grande.
Todos lo conocían por Toto, aunque se llamaba Tot. Los que compraban por monedas su alma, eran quienes curaban la propia.

jueves, 6 de julio de 2017

Filosofándo con amigos: La Mujer Perfecta



Un día en la vida de todo hombre, este descubre a la Mujer Perfecta.
Ella resulta ser superior a sus sueños, inteligente, divertida, con los ojos brillantes cuando le sonríe, independiente, muy hermosa, emprendedora, seductora, tiene todas las características que el hombre soñó, y algunas que ahora ve que son fundamentales pero que no había tenido en cuenta antes.
Es la personificación de la gracia y la belleza, una diosa en la tierra, encantadora y alegre, hace que todos a su alrededor se encuentren prendados de ella al momento, ningún hombre puede resistirse a mirarla o a acercársele cuando entra a una habitación, bar, cualquier sitio. Magnética en su atractivo, es sencillamente perfecta.

Y entonces, en un caso ejemplo de la imprevisibilidad cósmica, se alinean los planetas, es bisiesto un año impar, el tarot es propicio, y esa Mujer Perfecta nos da bola. Si, si, a nosotros pobres mortales que con todas nuestras virtudes no podemos más darnos cuenta que esto está mas allá de la lógica y la comprensión.
Una de las cosas que la transforman en la Mujer perfecta es, justamente, la posibilidad de tenerla.
Y allí es cuando surge la decisión: ¿qué hacemos? ¿aceptamos salir con ella?  ¿qué hacemos si fehacientemente sabemos que podemos salir con quien es para nosotros la Mujer Perfecta?
Porque sabemos que esa mujer nos va a llevar a vivir en el Paraíso, que va a hacer realidad todos nuestros sueños, pero seguramente no va a durar. La Mujer Perfecta no se queda mucho tiempo con alguien, vive la vida a mil, seduciendo en donde pasa, y buscando siempre lo mejor. Si aceptamos el Paraíso, aceptamos luego el Infierno cuando se vaya y nos deje, sabiendo que nunca más volveremos a ser tan felices como cuando estábamos con ella,  nunca volveremos a sentirnos tan amados, amar tanto, disfrutar tanto, reírnos tanto. Elegirla es saber que vamos a sufrir la peor decepción de su ausencia, el dolor más grande y la más terrible pérdida al dejarnos,  y que nunca nos vamos a recuperar por completo. Si le damos el corazón, no lo vamos a recobrar nunca. 
Nuestra vida se transformará en una perpetua tristeza, recordándonos en cada cosa y momento al amor perdido. Y no tiene cura, porque se trata de la Mujer Perfecta, nadie nunca va a poder ocupar ese lugar.

Ante esa decisión, podríamos decir que no: Negarnos a esa felicidad pasajera que preludia una vida de tristeza. Pero ¿cómo decirle que no? Saber que estuvimos a punto de tener con nosotros a la mujer de nuestros mas imposibles sueños ¿y negarnos? Viviríamos pensando en todo lo que pudo ser y no fue, en un Limbo perpetuo de posibilidades no concretadas. Cualquier mujer que se nos cruce luego, puede ser maravillosa, pero nuestra mente va a decirnos:— Ella no es la Mujer Perfecta. Y pudiste tenerla. Y la dejaste ir.
Ninguna relación posterior puede resistir esa incertidumbre, ese dolor sordo de indecisión. Una negativa nos cierra las puertas del paraíso y no nos deja volver a vivir, tampoco.
Nuestra vida se transformará en una perpetua tristeza, recordándonos en cada cosa y momento al amor perdido. Y no tiene cura, porque se trata de la Mujer Perfecta, nadie nunca va a poder ocupar ese lugar.

Si, el final se repite exactamente igual, cualquiera sea la decisión. Por suerte nunca tenemos la oportunidad de tomarla, ya que no existe esa decisión realmente: Si es la Mujer Perfecta para nosotros, y está interesada, nos tiene. Es inevitable, porque por algo es la Mujer Perfecta. Imposible resistirse.
Y nuestro destino, desde ese momento, está escrito.